Antisemitismo y antijudaísmo hoy
Mensaje de una Consulta de la Federación Luterana Mundial realizada en Dobogokö, Hungría.
Este mensaje es un documento de trabajo, producto de una discusión que continúa.
Su propósito es estimular la prosecución del diálogo judeo-cristiano. El contexto
completo de este documento se encontrará en las contribuciones de los participantes de la
consulta de Dobogokö, que serán publicadas en 2002.
Durante un período de tres días, nosotros, representantes de Iglesias asociadas a la
Federación Luterana Mundial (LWF: Lutheran World Federation), nos hemos reunido con
miembros de la comunidad judía de 15 países en una consulta sobre Antisemitismo y
antijudaísmo hoy: una contribución luterana al diálogo judeo-cristiano, realizada
entre los días 9 y 13 de septiembre de 2001 en Dobogokö, cerca de Budapest, Hungría.
Nuestro encuentro fue intensivo, mutuamente respetuoso y mutuamente enriquecedor. Sobre la
base de nuestro encuentro, y en consulta con nuestros colegas judíos y observadores
ecuménicos, deseamos expresar nuestra gratitud hacia quienes nos precedieron en el
establecimiento del diálogo judeo-luterano y en el análisis de las cuestiones planteadas
en él y por él. Nos hemos reunido para evaluar el estado en que se encuentra el diálogo
en las Iglesias asociadas a la Federación Luterana Mundial, y para explorar qué dirección
debe tomar nuestra respuesta al antisemitismo y al antijudaísmo de ahora en adelante, a la
luz de los nuevos y continuos desafíos.
Con la expresión "antijudaísmo" designamos específicamente las formulaciones
teológicas que denigran a los judíos y a su fe. Al observar las raíces del antijudaísmo
en la teología cristiana, se lo puede entender como un fenómeno derivado de la separación
de la Iglesia del judaísmo. Más tarde, otros motivos (sociales, políticos, económicos,
racistas) comenzaron a predominar, y llevaron a la exclusión y persecución de los judíos
a lo largo de los siglos. Con el término "antisemitismo", nos referimos a una
realidad más amplia: el odio y la hostilidad contra los judíos, en la realidad y en la
retórica, que les niega legitimidad entre los pueblos del mundo. Este odio y esta
hostilidad deben entenderse dentro del problema más amplio del racismo, y son
contrarrestados mediante la afirmación de los derechos humanos, que forma parte de nuestro
patrimonio desde hace más de 50 años.
En la actualidad podemos ver que, en muchos países, judíos y cristianos trabajan juntos
por la justicia social y el respeto de los derechos humanos, y llevan adelante un diálogo
sobre cuestiones teológicas. Nuestra consulta ha sido un ejemplo de ello. Los cristianos
empezaron a buscar cada vez más las raíces judías del cristianismo, y a entender la
judeidad de Jesús y los apóstoles. Se hizo evidente que nuestra herencia común, todo lo
que une a judíos y cristianos, es un fructífero punto de partida para nuestro diálogo. En
este diálogo, el antisemitismo y el antijudaísmo son temas claves. La Federación Luterana
Mundial (LWF) y el Consejo Mundial de Iglesias (WCC: World Council of Churches) han
repudiado toda forma y expresión de tales actitudes.
El antisemitismo y el antijudaísmo están presentes en todas las Iglesias y sociedades
representadas en esta consulta. Las expresiones son muchas, y las raíces son diversas. La
intolerancia hacia la diferencia, y la falta de respeto por la dignidad de los demás son
parte esencial de estas expresiones, y constituyen el terreno en los que se arraigan estos
pecados. Por lo tanto, exhortamos a las Iglesias asociadas a la Federación Luterana Mundial
a emprender una acción y una educación apropiadas, tendientes a proteger los derechos de
todas las personas, especialmente las minorías, para construir el aprecio por la diferencia
y enseñar y mantener el respeto por la dignidad de los otros.
Esa acción y esa educación tomarán diferentes formas y tendrán diversos objetivos en
las diferentes Iglesias asociadas. Las circunstancias religiosas, políticas y sociales de
cada Iglesia, junto con su propia experiencia, darán forma a las respuestas posibles.
Dentro de la comunión de la LWF, cada Iglesia miembro tiene autonomía para tratar estos
intereses de acuerdo con su propio discernimiento del evangelio en cada contexto particular.
Pero todas participan de la herencia del Israel bíblico, que establece el vínculo de
las Iglesias con el judaísmo moderno y los judíos de hoy. En fidelidad al llamado del
evangelio, las Iglesias procurarán discernir el significado que ese vínculo tiene para la
vida y la misión de la Iglesia. Lo que afirmamos es la validez de la alianza de Dios con el
pueblo judío, que jamás fue revocada.
Reconocemos la importancia de la tierra de Israel para el pueblo judío, y su lugar
central en las promesas de Dios. Afirmamos, pues, que el vínculo del pueblo judío con esa
tierra no es una ideología racista, sino un elemento central de la fe judía. En
solidaridad con el pueblo judío, y en el espíritu de los profetas bíblicos, la Iglesia
procurará entender el verdadero papel y la vocación del Estado de Israel entre las
naciones del mundo.
Estamos hondamente preocupados por el conflicto que tiene lugar en el Medio Oriente, y
por los padecimientos de israelíes y palestinos, incluyendo a los miembros de la Iglesia
Evangélica Luterana de Jordania. Exhortamos al Estado de Israel y a los líderes palestinos
a buscar todos los medios posibles para poner fin a la violencia y reanudar las
negociaciones para lograr un acuerdo justo entre esos dos pueblos.
Ratificamos el patrimonio del diálogo, que ya hemos incorporado a nuestros trabajos de
investigación, nuestras declaraciones y nuestra reflexión. Y exhortamos a las Iglesias
asociadas y a la Federación Luterana Mundial a basarse en ese patrimonio para elaborar
materiales que contrarresten el antijudaísmo de la teología y la liturgia de la Iglesia.
Estos materiales pueden trasladarse a todas las áreas de la vida eclesial: la educación
laica y teológica, las celebraciones, las misiones, el servicio y la organización.
Solicitamos que cada Iglesia asociada informe a la LWF sobre los materiales que elaboren,
para que puedan ser compartidos con otras Iglesias asociadas y otros hermanos ecuménicos.
Exhortamos a las Iglesias asociadas a crear y promover oportunidades para que, desde la
edad más temprana y en encuentros personales, sus miembros puedan aprender sobre los
judíos y el judaísmo, y sobre el patrimonio común que con ellos tiene la Iglesia, para
construir la confianza y el entendimiento común.
Exhortamos a las Iglesias asociadas a abogar por adecuados remedios y proscripciones
legales contra las actividades racistas y antisemitas, recurriendo en ese esfuerzo a los
instrumentos legales de los derechos humanos.
Exhortamos a las Iglesias asociadas a alzar sus voces en contra del antisemitismo y el
antijudaísmo dondequiera que aparezcan, y a apoyar activamente a las comunidades judías en
mantener sus observancias tradicionales.
Ratificamos la cada vez mayor cooperación entre judíos y luteranos en el trabajo por la
paz y la justicia, la ayuda social y el desarrollo comunitario, y alentamos a todos los que
participan en ese trabajo a continuarlo y acrecentarlo.
Exhortamos a la LWF a seguir apoyando el diálogo judeo-luterano en sus Iglesias
asociadas. Alentamos especialmente la participación de los dirigentes más jóvenes en el
diálogo, para asegurar su continuidad y su relevancia en la cultura contemporánea.
Exhortamos a la LWF y sus Iglesias asociadas a convocar a consultas teológicas para
seguir tratando las cuestiones teológicas, exegéticas, pastorales y misionales planteadas
en y por el diálogo y nuestras propias sesiones plenarias.
Expresamos nuestra gratitud a la LWF por su dirección en esta consulta y en la
promoción del entendimiento entre judíos y luteranos. Pedimos paciencia y perseverancia a
todos quienes comparten este objetivo, hasta que el proceso de cambio a largo plazo en el
que estamos embarcados sea realizado por el único Dios de judíos y cristianos.
9 – 13 de septiembre de 2001
(Traducción del inglés: Silvia Kot) |