Discurso de la hermana Louise-Marie Niesz nds al recibir el premio AJCF 2012

Queridos amigos,

Permítanme pasar por alto esta noche todos sus títulos para recordar sólo una realidad, la de la amistad. Esta noche, aquí, en este magnifico edificio del Collège des Bernardins, judíos y cristianos: solo hay amigos, y… ¡es maravilloso! Nos reúne la Amitié Judéo-Chrétienne de France, y la presencia de todos ustedes es el “signo” de que la amistad no es una palabra vana.

Recibir un premio puede tener muchos significados. Para mí, representa el reconocimiento a una tarea cumplida, y esto implica recordar a una “nube de testigos”. Algunos de ellos están en esta sala, otros no han podido estar presentes, y otros nos han dejado por el “mundo a venir”, pero fueron artífices de la primera hora. Gracias a esta pantalla, nos recibieron hoy cuando llegamos. Es importante subrayar entonces que aunque el premio de la AJCF fue entregado hoy a dos religiosas de la Congregación de Nuestra Señora de Sión, le corresponde legítimamente a una gran cantidad de obreros, judíos y cristianos.

Inmediatamente después del Concilio Vaticano II, en noviembre de1965, algunos obispos le pidieron a nuestra Congregación que acompañara la “recepción” de la Declaración Nostra Aetate. Se creó un Sidic (Service International de Documentation Juifs Chrétiens) en Roma. Tres años más tarde, en octubre de 1968, inauguramos en París una tímida “sucursal” de ese servicio romano. Se encomendó a cinco religiosas el funcionamiento de este organismo. ¿Qué había que hacer? ¡No teníamos la menor idea! Pero estábamos seguras de que las ideas surgirían de cristianos iluminados por el Espíritu Santo a partir de las orientaciones del Concilio. Y en efecto, esto no se hizo esperar. Llegaron muchos pedidos y preguntas que nos guiaron, día por día, en las tareas a cumplir y las decisiones a tomar. Era la exaltación de los comienzos: quedaba todo por hacer. Y pronto comprendimos que si “el Señor no construye la casa, en vano se esfuerzan los constructores”, como nos recuerda el salmo 127.

Los primeros contactos con la comunidad judía, debemos decirlo, fueron demasiado “prudentes”…. Al final de la primera entrevista de la hermana Bénédicte con el gran rabino de Francia Jacob Kaplan, este dijo: “¡Señora, una golondrina no hace verano!” Es cierto: una golondrina no hace verano. Así que para la siguiente visita, la hermana Bénédicte me pidió que la acompañara. “Señor gran rabino, le presento a otra golondrina”. A la tercera entrevista fue invitada la superiora general en persona: “Señor gran rabino, ¡aquí tiene a alguien que representa a muchas golondrinas!” Así se fue tejiendo, hilo a hilo, una amistad nunca desmentida. Esta amistad fue consagrada con la entrega del premio de la AJCF 1989, en forma conjunta, al gran rabino de Francia Jacob Kaplan y a la hermana Bénédicte de Nuestra Señora de Sión.

Si algunos hombres y mujeres judíos no hubieran respondido al llamado que efectuamos al finalizar el Concilio Vaticano II, nuestra acción no habría sido lo que fue. Entre esos colaboradores judíos de la primera hora, debo mencionar con agradecimiento a todos aquellos que aceptaron venir al Sidic a ofrecernos una enseñanza comprometida, testimonio de un judaísmo vivo. Entre los más fieles y destacables estuvieron el rabino Daniel Gottlieb z’l y la señora Colette Kessler z’l. Sin estos verdaderos y pacientes amigos, el Sidic no se habría convertido en un auténtico lugar de enseñanza y seguramente no habría alcanzado una velocidad de crucero durante 40 años. Algunas tardes de domingo, venían jóvenes estudiantes acompañados por su capellán, Philippe Barbarin, a escuchar y hacerle preguntas al rabino Daniel Gottlieb. En cuanto a Colette Kessler, no fue sólo la eminente profesora que la mayoría de ustedes ha podido apreciar, sino una amiga que nos asoció durante más de veinte años a todos los acontecimientos de su vida familiar, permitiéndonos descubrir así la savia de un judaísmo siempre vivo. Colette tuvo la intuición profunda de que al ahondar en su tradición y transmitirla a los cristianos, iluminaría la fe de estos con una nueva luz. Todos los versículos del Antiguo Testamento incluidos en el Evangelio de Mateo recibieron de ella comentarios que nunca olvidaremos.

Por supuesto, además de Daniel Gottlieb y Colette Kessler, debo mencionar la gran cantidad de amigos judíos que compartieron veladas en las que conversábamos “de todo un poco”. Trabajos prácticos que les mostraron a los cristianos, mejor que las conferencias magistrales, que hay muchas maneras de ser judío. “La amistad salvará el diálogo”, decía el cardenal Jean-Marie Lustiger. ¡Es la experiencia que hemos hecho y seguimos haciendo desde hace cuarenta años! La escucha atenta y la amistad: dos columnas que han estructurado lo que yo llamo mi “vocación”. 

Como belga nacida en Amberes, conocí la comunidad judía de mi ciudad, y reconozco que para la adolescente que yo era durante la guerra, esa comunidad tenía un carácter “insólito”. También percibía que los no judíos no la querían. Luego, en 1942, en mi propia calle, presencié el arresto de familias enteras. No entendía qué delito podía constituir el hecho de ser judío. En esa misma época, en un viernes santo, en la famosa abadía de Maredsous, oí proclamar que Jesús es judío. ¿Jesús es judío y su pueblo no es amado? Contradicción insoportable. Al encontrarme luego con las religiosas de Nuestra Señora de Sión, cuya orientación desconocía totalmente, descubrí que en esa Congregación “aman a los judíos”. ¡Entonces hay cristianos que aman a los judíos! ¡Había encontrado mi lugar! Sería religiosa de Nuestra Señora de Sión. 

En realidad, una vocación es algo sencillo: en el punto de partida, una pregunta sobre Dios y su proyecto, y luego, una respuesta de una claridad evidente, que compromete para toda la vida. Doy testimonio aquí, frente a ustedes, de que desde hace 60 años, mi Congregación es fiel al “sí” de mi consagración, y yo soy feliz de poder expresarle esta noche mi agradecimiento y mi reconocimiento. Mantener fielmente el rumbo de una inspiración no es algo tan común. Las hermanas de Nuestra Señora de Sión, con la asistencia del Espíritu Santo, han sabido hacerlo a través de preguntas, reflexiones, dudas a veces, vacilaciones, escucha. Las puestas al día se han hecho a través del aggiornamento» de toda la Iglesia en el Concilio Vaticano II, con la ayuda atenta y estimulante del Cardenal Augustin Béa. 

Hoy, debemos construir el futuro tendiendo una mano al pasado. Gracias a la voluntad y al apoyo siempre fraternal y amistoso del cardenal Aron Jean-Marie Lustiger, hemos realizado la unión entre lo que fue y lo que será. Lo que fue nos pertenece, y para lo que será, depositamos nuestra confianza en Dios, en la Iglesia de París, en los amigos del Sidic.

Vivimos tiempos difíciles: los “viejos monstruos” del antisemitismo renacen y amenazan. Más que nunca, debemos permanecer vigilantes, como “centinelas apostados en las murallas de Jerusalén”. Señor Heilbronn: desde 1988, usted le da a la AJCF la posibilidad de entregar un premio a cristianos y judíos de su elección. La hermana Dominique (de La Maisonneuve) y yo somos la vigesimocuarta y la vigesimoquinta beneficiarias de esta generosa atención y de este honor. Se lo agradecemos profundamente.

Para complacerlos en una forma especial, terminaré con un texto de Charles Péguy. Se trata de una carta que Péguy le escribió a Henri Bergson, en la cual le recomienda una actitud que puede y debe ser la nuestra, si queremos ser fieles a la importante tarea que asumimos todos juntos.

Esto escribe Péguy:

Es evidente que son más severos los métodos blandos, las lógicas flexibles, porque son los más rigurosos. Las lógicas rígidas son infinitamente menos severas que las lógicas flexibles, por ser infinitamente menos rigurosas. Las morales rígidas son infinitamente menos severas que las morales flexibles, siendo infinitamente menos rigurosas. Una lógica rígida puede dejar escapar repliegues del error. Un método rígido puede dejar escapar repliegues de la ignorancia. Una moral rígida puede dejar escapar repliegues del pecado que una moral flexible, en cambio, denunciará y perseguirá en todas sus sinuosidades. Una lógica flexible, un método flexible, una moral flexible, persigue, alcanza, delinea las sinuosidades de las deficiencias. En una moral flexible, todo aparece, todo se denuncia, todo se persigue. En un encasillamiento rígido, pueden existir impunemente fallas, huecos, falsos pliegues. La rigidez es esencialmente infiel, mientras que la flexibilidad es fiel. La flexibilidad denuncia. Contrariamente a todo lo que se cree, a todo lo que se suele enseñar, es la rigidez la que hace trampa, es la rigidez la que miente. Y la flexibilidad no sólo no hace trampa ni miente, sino que no permite hacer trampa ni mentir. En cambio, la rigidez permite todo, no denuncia nada.


En las morales rígidas puede haber nichos de polvo, de microbios, moho y zonas de podredumbre, en los rincones de las rigideces, depósitos, un hongo, una suciedad proveniente de la inmovilidad, de haber estado mucho tiempo allí. Una suciedad por haber sido dejada allí. Y en cambio las morales flexibles exigen un corazón que siempre se mantenga al día. Un corazón perpetuamente puro. Del mismo modo, los métodos flexibles y las lógicas flexibles requieren un espíritu que se mantenga siempre al día, un espíritu perpetuamente puro. Son las morales flexibles, y no las morales rígidas, las que ejercen las coacciones más implacablemente duras. Las únicas que nunca se ausentan. Las únicas que no perdonan. Las morales flexibles, los métodos flexibles, las lógicas flexibles, ejercen presiones impecables. Por eso, el hombre más honesto no es aquel que entra en reglas aparentes. Es aquel que permanece en su lugar, trabaja, sufre y calla. 

Editorial remarks

Traducción del francés: Silvia Kot