Después de los acontecimientos del 7 de octubre de 2023, los tres autores de este artículo nos vimos en la necesidad de buscar una conexión de confianza. En medio de debates y discusiones cada vez más polarizados a nuestro alrededor, decidimos contactarnos con amigos y académicos de otras tradiciones religiosas que de alguna manera estaban relacionados con los terribles acontecimientos que tenían lugar en Israel y Gaza, queridos colegas con los que no solo podíamos discutir los acontecimientos y compartir nuestras reacciones, sino también, con el tiempo, reflexionar sobre los desafíos que son ahora habituales en las relaciones interreligiosas. Para todos nosotros estaba claro que la tragedia que estábamos presenciando no había comenzado el 7 de octubre, pero, aun así, la respuesta mundial a los horrores de ese día y a los que le siguieron demostró que algo fundamental había cambiado en el marco de nuestras relaciones, en Palestina, en Israel e incluso en los países lejanos en los que cada uno de nosotros reside.
Las conversaciones que mantuvimos nos proporcionaron a todos un poco de esperanza. Como resultado, tomamos medidas conjuntas, coorganizando un retiro sobre el diálogo en tiempos de crisis en septiembre de 2024 en El Cairo, convocado por la Fundación GINGKO, a la que todos estamos afiliados. En ese retiro, intentamos ampliar nuestra comprensión de por qué podíamos dialogar entre nosotros y buscamos replicar esas metodologías con un grupo más amplio de dialogantes, los becarios interreligiosos de GINGKO. A continuación se presenta un estudio de caso de ese esfuerzo: sus desafíos, sus éxitos y una breve evaluación de nuestras conclusiones metodológicas.[1]
Antecedentes
Todos nosotros llevamos mucho tiempo participando activamente en círculos de diálogo interreligioso. Los tres hemos formado parte de la GINGKO Interfaith Fellowship, y Mohammed Gamal se incorporó a la Fundación como miembro del consejo de administración. Más allá de eso, cada uno de nosotros tenía muchas otras conexiones, afiliaciones y experiencias. Y vimos cómo las conversaciones difíciles ponían a prueba la capacidad de los grupos y las comunidades para mantener líneas de comunicación abiertas y respetuosas. Reflexionar sobre esta experiencia compartida en nuestras conversaciones después del 7 de octubre nos llevó a pensar de manera programática en un posible proyecto que pudiéramos ofrecer para apoyar a los grupos interreligiosos y ayudarnos a todos a permanecer unidos en tiempos de crisis. Nos motivó una pregunta fundamental: cuando no compartimos la misma perspectiva de lo que ocurre a nuestro alrededor, cuando nuestras ideas y nuestra interpretación de los acontecimientos difieren, cuando las comunidades a las que pertenecemos nos separan en lugar de acercarnos, ¿qué herramientas podemos utilizar para mantener y restablecer relaciones saludables?
Dado que nos conocimos gracias al generoso apoyo de la Fundación GINGKO, GINGKO fue una elección natural para nuestra colaboración institucional. GINGKO es una fundación benéfica con sede en el Reino Unido, creada en 2014, que se describe a sí misma en los siguientes términos:
En un contexto de desconfianza y conceptos erróneos, GINGKO trabaja para mejorar el entendimiento mutuo entre Oriente Medio y el Norte de África (MENA) y Occidente. Financiamos y publicamos investigaciones innovadoras sobre la historia, la historia del arte y las religiones de la región MENA. Reunimos a personas de MENA y Occidente para propiciar encuentros transformadores entre diferentes religiones y culturas.[2]
Uno de los programas más importantes de GINGKO es el de becas interreligiosas, que reúnen a aproximadamente 20 teólogos y líderes comunitarios de la región MENA (Oriente Medio y Norte de África) y Occidente para un retiro anual de diálogo.[3] Este retiro anual se celebra alternativamente en un lugar de MENA y en un lugar de Occidente. Cada becario se compromete a asistir a dos retiros y tiene la posibilidad de solicitar el Premio de Colaboración para becarios y recibir una consideración especial al solicitar otras becas de GINGKO.[4] Nosotros tres nos conocimos por primera vez en el retiro anual que se celebró en Alemania en septiembre de 2023. Para poner en marcha nuestro proyecto, Benjamin Kamine y Elena Dini solicitaron la beca de colaboración de GINGKO con una propuesta de taller basada en las conversaciones que habíamos mantenido los tres, y Mohammed Gamal Abdelnour, que no podía optar a la beca debido a su cargo como miembro del consejo de administración de la Fundación, se unió a nosotros como coorganizador.
Trabajando en la estructura del taller
Una vez que decidimos embarcarnos en esta aventura dialógica, nuestro pequeño grupo de trabajo tuvo que reunirse varias veces: para redactar nuestra solicitud para el Premio de Colaboración para becarios, para encontrarnos con los dirigentes de GINGKO y exponerles los detalles de nuestros objetivos e ideas, y para desarrollar la verdadera estructura de un taller que, en el poco tiempo en el que los becarios estarían reunidos, pudiera lograr un modesto avance hacia nuestras esperanzas dialógicas. Empezamos proponiendo una única sesión sobre enfoques prácticos para la coexistencia en tiempos de crisis, basados en nuestras experiencias personales. Sin embargo, dada la urgencia de nuestro tema, GINGKO nos pidió que consideráramos un componente más amplio que pudiera convertirse en la columna vertebral del retiro anual interreligioso de becarios que se celebraría en El Cairo en septiembre de 2024.
Aceptar ese nuevo formato ampliado nos obligó a adoptar un enfoque mucho más exhaustivo en el diseño de nuestro taller. Ahora teníamos la oportunidad de modelar una experiencia de varios días que les ofreciera a los becarios una serie de herramientas y generar múltiples oportunidades para el diálogo. Para enfrentar este desafío, GINGKO organizó una reunión especial de dos días para nosotros tres en Londres durante el verano de 2024 con el fin de perfeccionar la estructura del taller. En el transcurso de nuestra sesión de dos días de intenso intercambio de ideas y diseño, tres elementos rectores nos quedaron claros.
El primer elemento rector fue que la clave para fortalecer nuestras relaciones era compartir nuestras narrativas personales y escuchar las narrativas de los demás con empatía y atención. Estos actos garantizaban que pudiéramos «oír» claramente a la otra persona, acercarnos a ella con curiosidad y cuidado, y comprender mejor su postura y sus preocupaciones. La vulnerabilidad de compartir, en vez de esperar a que se formara la confianza antes de mostrarnos vulnerables, facilitaba la creación de confianza. Para ello, los participantes debían recibir formación en estrategias narrativas personales y métodos de escucha compasiva.
El segundo elemento rector fue que una parte valiosa del diálogo productivo consistía en desarrollar habilidades para superar las divisiones que el conflicto estaba creando en nuestras propias comunidades y en la forma en que nos relacionábamos con los demás. Optamos por modelar una conversación para los becarios que iluminara las posibilidades de mantener abiertas relaciones significativas y fructíferas. En Londres, practicamos una conversación de 90 minutos en la que nos pedimos unos a otros que explicáramos, lentamente y con claridad, nuestra experiencia de los días, semanas y meses posteriores al 7 de octubre, aclarando cómo la nueva información y los encuentros con otras personas habían influido en nuestra relación con el cambio global que se estaba produciendo.
El tercer elemento rector fue que, dada nuestra audiencia de académicos en los inicios de su carrera y jóvenes líderes comunitarios, era beneficioso no solo modelar una interacción positiva y compartir herramientas prácticas, sino también discutir marcos teóricos que han sido significativos para cada uno de nosotros y que han sentado las bases para nuestro compromiso y nuestra reflexión personales. Por lo tanto, trabajamos como facilitadores en la presentación de un elemento teórico que respaldara nuestra visión de la conexión interreligiosa en este momento de crisis.
Implementación del retiro y del taller
El retiro anual de la GINGKO Interfaith Fellowship de 2024 tuvo lugar en El Cairo y Anafora, Egipto, del 16 al 20 de septiembre de 2024. El taller que presentamos en este estudio de caso tuvo lugar los días 18 y 19 de septiembre. La Fundación GINGKO estructuró el retiro en dos partes principales: en primer lugar, una jornada de visitas significativas en El Cairo el 16 de septiembre, seguida de una jornada de reflexión en grupo en Anafora el 17 de septiembre; y, en segundo lugar, los dos días de nuestro taller sobre el diálogo interreligioso en tiempos de crisis en Anafora.
Además de nosotros tres, el grupo estaba formado por doce becarios, la mayoría de los cuales eran musulmanes, seguidos en número por varios cristianos y un judío. También tuvimos la suerte de contar con la participación de los dirigentes de la Fundación GINGKO, así como de Julie Siddiqi, una activista interreligiosa musulmana del Reino Unido.
Visitas a lugares significativos y reflexiones
El primer día en El Cairo (16 de septiembre) se dedicó a visitar lugares de culto y lugares significativos para cada una de las tres tradiciones religiosas representadas en el grupo de becarios. La mañana comenzó con visitas a la sinagoga Ben Ezra, conocida por sus tradicional relación con los personajes bíblicos Moisés y Esdras, así como por el importante descubrimiento moderno de la Geniza de El Cairo; a la iglesia de San Sergio y San Baco, conocida por ser una parada de la Sagrada Familia en su huida a Egipto, y a la Iglesia Colgante, una hermosa y singular iglesia copta. Se podría decir que empezamos siguiendo los pasos de Moisés y Jesús.
El día continuó con visitas a importantes lugares musulmanes, incluyendo el Mausoleo de Al-Salih Najm ad-Din Ayyub y la mezquita de Al-Azhar. Al-Azhar es la institución de origen de muchos de los becarios, por lo que esa visita fue particularmente significativa, ya que incluyó una introducción guiada y la oportunidad de realizar u observar la oración de la tarde. Cada uno de estos lugares representaba, a su vez, la historia multicultural y multirreligiosa de El Cairo, un lugar donde las tres tradiciones han florecido y han construido un importante legado intelectual y espiritual. Explorar estos legados preparó a los becarios para el encuentro con el otro que les pediríamos en los días venideros.
En el segundo día (17 de septiembre), el grupo viajó a Anafora, un centro de retiro y granja de 127 acres (aproximadamente 51 hectáreas), que es un proyecto del obispo Thomas de la Eparquía Ortodoxa Copta de El-Qussia y Mair, en el Alto Egipto. Esa tarde, la directora general de GINGKO, la Dra. Barbara Schwepcke, y Julie Siddiqi dirigieron al grupo en un taller titulado «Manifestaciones de fe: comprender al Otro religioso a través de la reflexión sobre sus expresiones artísticas». El objetivo del taller desarrollado por la Dra. Schwepcke era compartir y promover el diálogo interreligioso mediante una reflexión respetuosa sobre los acontecimientos, las acciones o los objetos de fe que los becarios habían identificado durante las visitas del día anterior a los diversos lugares. El día terminó con un ejercicio de contemplación dirigido por la Dra. Schwepcke, en el que cada persona trazó su propio laberinto en una hoja mientras reflexionaba sobre cuestiones personales. Estos ejercicios de reflexión y contemplación ayudaron a los becarios a mirar hacia su interior y desarrollar la autoconciencia que sería necesaria para el profundo trabajo de diálogo que les íbamos a pedir.
Anafora resultó ser un lugar ideal para el tipo de trabajo que queríamos realizar. El centro es grande, con salas de conferencias, casas de huéspedes, aulas, dos iglesias y un anfiteatro, pero está aislado en el desierto, a las afueras de El Cairo. Veinte hermanas religiosas coptas ortodoxas y una novicia que viven en un monasterio en el recinto gestionan el centro, ofreciendo hospitalidad y formación, junto con algunos laicos y dos sacerdotes coptos ortodoxos. El ambiente alejado y de oración del monasterio era propicio para la experiencia que estábamos construyendo. Planeábamos pasar los dos días siguientes discutiendo sobre el conflicto y específicamente sobre el conflicto actual en Oriente Medio, y los enfoques que podríamos utilizar para navegar por estos tiempos difíciles. Por lo tanto, un lugar donde pudiéramos realmente construir nuestra pequeña comunidad, conocernos unos a otros y crecer en confianza mutua y amistad, era extremadamente útil. Queríamos fomentar el tipo de intimidad y crecimiento espiritual que se cultiva mejor sin distracciones.
Taller de diálogo: escucha activa y narrativas personales
Durante el tercer y cuarto día, realizamos el taller «Diálogo interreligioso en tiempos de crisis». El objetivo era guiar a los becarios a través de un proceso que (1) los entrenara en una escucha activa, (2) modelara para ellos una conversación difícil, (3) les ofreciera una base teórica para esa conversación, (4) los alentara a mantener una conversación similar y, por último, (5) les pidiera que reflexionaran sobre estas habilidades como una forma de avanzar y llevarse a casa lo que habían aprendido.
Comenzamos presentando a los becarios un ejercicio de escucha activa basado en una herramienta que Ben y Elena habían practicado como becarios de KAICIID. Tras compartir algunos consejos y reflexiones sobre la importancia y los beneficios de escuchar en el diálogo y en toda relación, dividimos a los becarios en grupos de cuatro. En cada grupo, los becarios se turnaron para contar una historia sobre una situación difícil, mientras que los otros tres debían centrar su escucha activa en los hechos de la historia, los sentimientos del narrador al contarla o los valores expresados en ella. Debían hacerlo sin tomar notas, concentrando toda su atención únicamente en el narrador. A continuación, cada uno de ellos compartió sus reflexiones sobre lo que había oído con el narrador.
Los participantes señalaron que el trabajo creó un vínculo fuerte e íntimo en su grupo privado. Aprendieron que, según sus historias personales, cada uno de ellos tenía un barómetro diferente para determinar qué se consideraba una situación difícil. También les sorprendió lo mucho que se podía comunicar en un breve ejercicio cuando realmente escuchaban y eran escuchados. En general, la experiencia fue muy positiva, y esta primera sesión sentó las bases para conversaciones posteriores.
A continuación, remodelamos la conversación sobre el conflicto a través de relatos personales que habíamos preparado durante nuestras sesiones en Londres unos meses antes. Como se demostró en el ejercicio anterior, contar historias personales es una herramienta para ir más allá de las opiniones o posiciones, invitando a una relación basada en la empatía y la vulnerabilidad. Es muy útil como punto de partida para una conversación que trascienda las diferencias, incluso cuando esas diferencias provocan un fuerte contraste de sufrimientos. Esperábamos que mostrarnos nosotros —como los organizadores judíos, cristianos y musulmanes— manteniendo una conversación verdaderamente dialógica pudiera ser una fuente de inspiración para los becarios sobre lo que era posible en sus propios diálogos. Los becarios respondieron positivamente a lo que habíamos modelado y destacaron las profundas relaciones que parecían posibilitar un encuentro tan honesto y abierto.
Taller de diálogo: marcos teóricos
Nuestra última sesión del tercer día nos brindó la oportunidad de compartir con los becarios, en su mayoría académicos, los marcos teóricos personales que estructuraron nuestro pensamiento sobre cómo abordar el diálogo en tiempos difíciles. De esta manera, esperábamos incitar a los becarios a pensar tanto teórica como prácticamente sobre los desafíos que todos enfrentamos. Los marcos teóricos nos permiten basar nuestra práctica en nuestros valores. Si bien nuestras prácticas pueden evolucionar para adaptarse a las realidades del momento, basar esas prácticas en la teoría nos permite mantener una fuerte conexión con los valores que orientan nuestro pensamiento.
Benjamin Kamine enmarcó sus reflexiones en el poder de abordar la dignidad humana individual a través de textos judíos clásicos. Las interpretaciones rabínicas de Levítico 19,18, que nos exhorta a amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, abren la puerta al reconocimiento del poder de la dignidad humana individual. Si logramos valorar cada vida humana como algo necesario, independientemente del daño que pueda causar, entonces encontraremos el camino hacia un compromiso compasivo más allá de las diferencias. Como afirma la fuente rabínica clásica Avot de Rabí Natán:
«Amarás a tu prójimo como a ti mismo» fue dicho con un juramento: «Yo soy el Señor». ¿Por qué? Porque yo, el Señor, lo creé.[5]
Uno está obligado a amar a su prójimo porque Dios lo creó. No hay excepciones a esta regla. Como individuos, cada uno es una creación específica de Dios. De hecho, nuestra diversidad es la gloria de Dios. Como explica la Mishná Sanedrín, esta es la razón por la que todos descendemos de un solo ser, aunque parezcamos diferentes y distintos:
Para proclamar la grandeza del Santo. Los seres humanos acuñan muchas monedas con un solo sello y todas son iguales. El Santo marcó a cada ser humano con el sello de Adán, pero ninguno es igual a otro.[6]
Pero esta idea por sí sola no basta para responder plenamente al impulso humano. Amar es una acción, pero el dolor puede permitirnos justificar el abandono de esa acción. Esta es la verdadera razón de Levítico 19,18. Como dice Rabí Akiva en Génesis Rabbah, el mandato de amar al prójimo como a uno mismo es necesario para que nadie diga: «Si yo estoy deshonrado, que mi prójimo sea deshonrado conmigo; si yo estoy maldito, que mi prójimo sea maldito conmigo».[7] No solo debemos tratar a los demás como queremos que nos traten a nosotros, sino que también debemos resistirnos al impulso humano de arrastrar a los demás con nosotros cuando sufrimos. Debemos resistirnos a caer en la mezquindad y el tribalismo.
El gran comentarista rabínico del siglo XIX, el rabino Samson Raphael Hirsch, propuso una forma de pensar sobre la dignidad humana individual que entrelazaba estas ideas en una declaración ética:
Imagina por un momento que todos tus semejantes, a quienes Dios ha puesto a tu lado, han desaparecido y que estás solo en la tierra desolada. ¿Cómo sería tu existencia, qué placer podrías tener? Más aún, ¿qué sería de tu misión si no fueras capaz de amar y hacer el bien? ... estás destinado a apoyar, sostener, consolar, instruir, nutrir, hacer feliz, revitalizar, y no tendrías a nadie a quien ofrecerle todo eso. ¿Y no ves que solamente en asociación con la humanidad en su conjunto Dios dota a tu trabajo de permanencia? La humanidad asume el trabajo de cada individuo y, al ser inmortal, se convierte en su heredera.[8]
Hirsch aclara que el amor es una acción, no un sentimiento, y que debemos esa acción a todos los seres humanos con los que nos encontramos, pase lo que pase, porque son seres humanos. Además, la individualidad de cada ser humano es su contribución a la humanidad. Cada vida perdida nos disminuye a todos. Al reconocer el dolor de esa disminución y tomar en serio el interés personal de cada persona en ese dolor, podemos fortalecernos contra el instinto del pensamiento tribal, que prioriza a algunos individuos sobre otros.
Mohammed Gamal Abdelnour utilizó la mentalidad global, en contraposición a la mentalidad tribal, como un marco teórico que puede ayudarnos a sentar las bases para un futuro compartido. A continuación, se exponen brevemente las características de cada mentalidad y su posible impacto en el ámbito de las relaciones interreligiosas.
La mentalidad tribal prioriza la lealtad y la identidad dentro de un grupo específico, generalmente a expensas de la autorreflexión y la conexión con otros. Se desarrolla con los siguientes elementos:
- Estereotipos: un estereotipo reduce la complejidad de una persona a un solo rasgo, socavando su humanidad.
- Trauma elegido: acontecimientos históricos como el Holocausto, la Nakba y la crucifixión de Jesús se convierten en fundacionales para la identidad grupal. El concepto de transmisión transgeneracional del trauma de Vamik Volkan muestra cómo el dolor y la humillación no resueltos pueden perpetuar el conflicto.
- Recuerdos de un futuro temido: temores imaginarios de un daño futuro, cuando están cargados de emociones, pueden parecer tan reales como las experiencias pasadas. Estos “recuerdos” refuerzan la desconfianza y la hostilidad, arrastrando a los grupos a lo que podría denominarse el “efecto tribu”.
La transición de una mentalidad tribal a una mentalidad global implica los siguientes elementos:
- Autorreflexión: la autorreflexión interrumpe las reacciones automáticas, como la actitud defensiva, al ayudar a las personas a entender qué impulsa sus emociones.
- Conexión: conectar con los demás fomenta la empatía al desafiar los estereotipos, lo que permite a las personas ver toda la complejidad de los demás. Como lo destacan las investigaciones de Susan Fiske y Steven Neuberg, romper el ciclo del sesgo de confirmación —en el que se da prioridad a las evidencias que refuerzan los estereotipos y se descartan las evidencias contradictorias— requiere un esfuerzo consciente por ver a los demás como seres multidimensionales.
- Adoptar principios universales: las enseñanzas religiosas del judaísmo, del cristianismo y del islam suelen promover valores universales como la compasión, la justicia y la dignidad de todas las personas. Destacar estos principios compartidos puede contrarrestar la exclusividad tribal.
- Equilibrar las conexiones tribales y globales: las conexiones tribales no son intrínsecamente perjudiciales: ofrecen un sentido de pertenencia y significado. Sin embargo, cuando la lealtad a la tribu prevalece sobre las consideraciones éticas y universales, se vuelve peligrosa. Una mentalidad global no borra las identidades tribales, sino que las sitúa dentro de un marco más amplio en el que priman la interdependencia y la coexistencia. Este cambio reduce la posibilidad de conflictos interreligiosos y promueve un mundo en el que la cooperación y la paz se convierten en la norma.
Elena Dini se centró en el tema de las expectativas sobre los demás que aportamos al proceso de diálogo. Los acontecimientos del 7 de octubre elevaron las expectativas que las personas tenían unas de otras. Las expectativas provenían de fuentes muy diversas y a menudo se formulaban como exigencias. Cada expectativa articulada por un actor diferente podía contradecir las expectativas de otra parte. Por ejemplo, se le puede pedir a alguien que condene a la otra parte, que tome partido, que acepte, justifique o apoye acciones que impliquen violencia o que controle cierto tipo de lenguaje. Con una simple búsqueda en Google, nos damos cuenta de que la palabra «expectativa» puede referirse a las expectativas que uno puede tener sobre los demás o sobre uno mismo. En cualquier caso, llevamos las expectativas al contexto de toda relación. Las expectativas que tenemos al iniciar un diálogo pueden afectar de manera perturbadora el valor que le atribuimos a nuestro interlocutor. Esto puede provocar un cambio negativo en las percepciones y las acciones. La trayectoria de tales expectativas lo puede llevar a uno a devaluar la relación y, eventualmente, a la expareja o incluso al amigo. Esto también puede tomar la forma de un prejuicio generalizado contra toda la comunidad a la que pertenece la otra persona.
Elena habló sobre el impacto de las expectativas posteriores al 7 de octubre en el contexto de la Iglesia Católica, a la que pertenece. Señaló que las respuestas a algunas declaraciones de los líderes de la Iglesia en las que se invocaba la paz, la liberación de los rehenes y un inmediato alto el fuego no siempre fueron positivas. Las expectativas formuladas por los interlocutores sobre la postura que debe adoptar la comunidad católica o lo que debería hacer (lo mismo se aplica a todas las comunidades) se han convertido en algo habitual desde el 7 de octubre. Reflexionando sobre la petición o la necesidad de posicionarse, el cardenal Pierbattista Pizzaballa, patriarca latino de Jerusalén, expresó recientemente estas ideas en un artículo que publicó en mayo de 2024:
No podemos permanecer en silencio ante la injusticia ni invitar a una vida tranquila y desapegada. Pero la opción preferencial por los pobres y los débiles no nos convierte en un partido político. Tomar partido, como a menudo se nos pide, no puede significar formar parte de una confrontación, sino que debe traducirse siempre en palabras y acciones en favor de quienes sufren y gimen, y no en consignas y condenas contra nadie.[9]
Todas las comunidades pueden ver cómo las expectativas influyen negativamente en nuestras relaciones en momentos de conflicto. Sin embargo, Elena señaló algunas formas en las que se puede invertir positivamente en las expectativas como una manera de construir relaciones más saludables en lugar de una mayor división. Esto requiere escuchar las expectativas del otro y reconocer también las expectativas que uno mismo aporta a la mesa. Liderar con énfasis en la verdad, la justicia y el perdón puede reunir a todos en la misma mesa, conscientes de que, aunque las expectativas tienen una fuerte dimensión vertical descendente, por las declaraciones de los líderes y las percepciones sociales, también hay un importante aspecto ascendente, en el que podemos confiar positivamente en las amistades cercanas y las relaciones existentes.
En la tarde de ese tercer día, los ministros cristianos anglicanos celebraron la eucaristía, a la que todos fueron invitados. Esto dio inicio a un modelo de intercambio espiritual, que se analizará más adelante.
Taller de diálogo: abordar el conflicto
Para el segundo día del taller, nuestro plan inicial era dividir a los participantes en varios grupos pequeños para usar las herramientas que habíamos dado el día anterior y hablar sobre el conflicto y las respuestas al 7 de octubre. Pero, justo antes de llegar a El Cairo, nos enteramos de que varios becarios judíos no podrían venir por problemas de seguridad. Como resultado, solo nos quedaron dos participantes judíos: Benjamin y otro becario judío. Eran muy pocos para llevar a cabo nuestro plan inicial.
Al considerar otras opciones, se nos ocurrió una idea. Benjamin y Elena acababan de regresar de una conferencia en la que se había realizado una mesa redonda presentada por un israelí y un palestino, quienes compartieron sus narrativas personales sobre el conflicto y sus reflexiones sobre la construcción de nuevas conversaciones dialógicas tras los acontecimientos del 7 de octubre. Ambos eran miembros del personal del Rossing Center for Education and Dialogue, una organización interreligiosa con sede en Jerusalén que trabaja para promover mejores relaciones entre judíos, cristianos y musulmanes en la región y para lograr una sociedad compartida en Israel/Palestina.[10] Su presentación conmovió profundamente y pensamos que podría ser beneficioso para el grupo escuchar a israelíes y palestinos que habían logrado mantener abiertas sus líneas de comunicación durante la crisis. Nos pusimos en contacto con el equipo multirreligioso del Centro Rossing y les preguntamos si podrían organizar una mesa redonda similar en zoom para nosotros, con la participación de una voz israelí y una palestina, y les sugerimos algunos colegas específicos del centro que Benjamin y Elena consideraban que conectarían bien con los becarios: un judío israelí y un cristiano palestino. A pesar de la poca antelación, el Centro Rossing aceptó organizar la mesa redonda.
Durante la sesión, el ambiente en la sala se volvió bastante tenso. Durante la pausa para el café, hablamos con varios becarios para comprender su fuerte malestar. Ellos expresaron su insatisfacción con un panel de debate sobre el conflicto en el que no se había incluido una voz musulmana ni una voz gazatí. Además, debido al formato en línea y a la falta de interacción previa con los ponentes del Centro Rossing, parte de lo que compartió el panel no fue recibido en su totalidad por los becarios, que perdieron información fundamental sobre el centro y su excepcional trayectoria como institución de diálogo. Las dificultades técnicas también impidieron que el personal del Centro Rossing pudiera ver u oír a los becarios, lo que hizo casi imposible formular preguntas e interactuar con el público. Todo ello dificultó mucho más el establecimiento de una conversación fluida.
Después de escuchar las preocupaciones de los becarios y su pedido de incluir otras narrativas, nuestro pequeño equipo organizador se reunió rápidamente con los responsables de GINGKO y decidió replantear el tiempo que aún teníamos disponible. Como equipo, decidimos abrir el debate y dar espacio a las narrativas personales de los becarios sobre la situación actual. Habíamos planeado este tipo de debate abierto para más tarde, después de pasar más tiempo con el equipo del Centro Rossing. Según lo previsto inicialmente, habría sido más limitado, pero estaba claro que algunos de los becarios se sentían poco representados y poco escuchados en nuestro diálogo. Esto exigía una solución.
El replanteo y la reprogramación a la luz de lo que escuchamos de los becarios definitivamente resultó ser la decisión correcta. Una sesión en línea con ponentes externos (con todos los desafíos técnicos causados por la falta de una conexión a internet estable) sobre un tema tan controvertido para un grupo internacional multirreligioso fue una decisión fallida. Simplemente no había sustituto para el tipo de confianza que habíamos construido a través de los ejercicios de los días anteriores. Habíamos logrado empezar a crear un espacio seguro con las personas que teníamos en la sala, y la incorporación demasiado rápida de otras personas de forma remota era, con razón, un desafío. No obstante, las reacciones intensas y sinceras de los becarios nos permitieron mejorar nuestra conversación. De hecho, su disposición a expresar su descontento en vez de retirarse de toda la experiencia ya era una señal de que habíamos logrado crear un espacio para el diálogo honesto. Al abrir aún más la conversación en respuesta a su dolor, hicimos posible que nos conmoviera más profundamente el sufrimiento de los demás y logramos, seguramente, un intercambio aún más sincero que el que hubiéramos tenido de otra manera en el cuarto día del retiro del grupo.
Decidimos dejar un espacio de silencio durante el tiempo que quedaba antes del almuerzo, para que todos tuvieran tiempo de digerir la experiencia del panel de la mañana. Después del almuerzo, invitamos a todos a volver a la sala, preparados para compartir con el grupo sus propias narrativas y expresar sus propias dificultades con el conflicto. Y esa preparación vino con una promesa complementaria: una escucha sin reservas, empática y activa por parte de los demás miembros del grupo. Todos tendrían la oportunidad de compartir. Y todos se comprometerían a escuchar con atención.
Este fue un momento bendecido. Nos llevó tres horas escuchar a todos los miembros del grupo. Tres horas de concentración, atención y presencia. Gracias a los ejercicios que ya habíamos realizado sobre la escucha activa y las narrativas personales, todos estaban abiertos y dispuestos a dar el siguiente paso, a compartir y a escuchar. No esperábamos poner a prueba estas herramientas tan rápidamente. La franqueza y la empatía en esta conversación demostraron que las personas son realmente capaces de estar a la altura de las circunstancias.
Taller de diálogo: intercambio espiritual
Tras esta sesión tan intensa, se invitó a todos los becarios a reunirse para realizar dos prácticas espirituales: la oración judía de la tarde y la oración musulmana del atardecer. Los becarios judíos y musulmanes explicaron ante el grupo el profundo significado que estas prácticas tienen para quienes las realizan. Y a continuación, tras cada práctica, realizada por los becarios judíos y musulmanes respectivamente, hubo una sesión de preguntas y respuestas con los becarios. Al igual que con la celebración eucarística cristiana de la noche anterior, estos momentos de intercambio espiritual les brindaron a los becarios otra oportunidad para ir más allá de un encuentro intelectual. Los becarios que realizaron las prácticas lo hicieron con total autenticidad y franqueza, como si compartieran una narrativa personal. Y los becarios que observaban las prácticas lo hicieron con una participación consciente y atenta, como si participaran de un ejercicio de escucha activa. Utilizando estas herramientas, los becarios se encontraron cara a cara con la forma en que los demás saludan a Dios, un recordatorio de lo que nos une a todos. Fue un cierre adecuado para un día desafiante.
Conclusiones
La experiencia en El Cairo y Anafora fue realmente significativa para todos nosotros. Como organizadores, nos comprometimos firmemente con ella porque era una oportunidad increíble para reunir a personas con experiencia, de diferentes tradiciones religiosas y puntos de vista, que estaban interesadas en el diálogo y el encuentro con respecto al conflicto en curso. Tuvimos la enorme suerte de contar con el apoyo de la Fundación GINGKO, que creyó en este proyecto y confió en nuestra propuesta.
Otro elemento importante fue la composición de nuestro equipo organizador, que no fue un factor secundario en cuanto al origen de la idea. Ya habíamos trabajado juntos y confiábamos los unos en los otros. Esa fue la razón por la que, en un momento especialmente complejo, nos pusimos en contacto espontáneamente. Nuestra profunda confianza y nuestra trayectoria profesional fueron factores fundamentales que nos permitieron desarrollar este proyecto y ponerlo en práctica. Además, nuestro trabajo previo en Londres sentó las bases para obtener resultados más sólidos. En efecto, cuando nos vimos en la necesidad de replantearnos la dinámica y las sesiones de trabajo, el hecho de que ya estuviéramos «amoldados» nos permitió hacerlo con un espíritu de colaboración y comprensión.
A pesar de estas ventajas, el taller planteó dos desafíos importantes.
- Anticipar los marcos de referencia de los otros: al menos dos de nosotros, miembros del equipo directivo, conocíamos mejor el contexto y los argumentos relacionados con este tema en el marco de Europa/Norteamérica e Israel/Palestina, pero ignorábamos los sentimientos, las reacciones, la historia más amplia y las conexiones personales con el conflicto que nuestros compañeros egipcios aportaron a la conversación. Una respuesta importante fue que el hecho de enmarcar la discusión en torno al 7 de octubre de 2023 no encontró eco: «Ustedes diseñaron la conversación a partir del 7 de octubre, pero para mí, para nosotros, el trauma y el conflicto no comenzaron en ese momento, sino décadas antes. Por lo tanto, si tenemos que hablar de ello, no podemos empezar por ahí».
- Ausencia de voces relevantes: no contribuyó a la cohesión del grupo que hubiéramos invitado a interlocutores externos de Israel/Palestina a una sesión en línea sin incluir a ningún ponente musulmán. Este problema se vio agravado, naturalmente, por una conexión a Internet inestable, que dificultó que los asistentes escucharan con atención a los ponentes que pudimos incluir. Abordar la ausencia de voces relevantes requirió más cuidado en la planificación de la sesión. Irónicamente, la invitación a nuestros participantes en línea se extendió a último momento, como respuesta a nuestras preocupaciones sobre el reducido número de voces judías en el grupo. Inicialmente había más becarios judíos, pero viajar a Egipto les planteaba importantes problemas de seguridad, lo que provocó que algunos de ellos se retiraran antes del encuentro. Al intentar resolver un problema, habíamos creado otro.
Afortunadamente, ambos desafíos llevaron a los becarios a expresar su inquietud, lo que nos dio la oportunidad de replantearnos el formato y proponer nuevos arreglos. Podemos decir que esto nos brindó finalmente la oportunidad de profundizar en la conversación. Agradecemos la franqueza y la sinceridad de los becarios en ese momento.
También introdujimos algunos elementos exitosos en el diseño del taller que fueron muy productivos y permitieron que el grupo creciera en confianza mutua y estuviera en mejores condiciones de abordar conversaciones más difíciles cuando surgieran:
- Ejercicios de escucha activa y narrativa personal: centrarse en la escucha activa y preparar al grupo para presentar la propia narrativa personal ayudó a los becarios a desarrollar habilidades que son esenciales en cualquier entorno de diálogo. De hecho, ambos ejercicios se adaptaron de otros talleres de diálogo en los que habían participado los facilitadores, ya que son técnicas comunes, pero importantes.
- Intercambio espiritual: tener un espacio para compartir experiencias espirituales a través de una introducción y la asistencia guiada a los momentos de práctica religiosa de cada uno fue igualmente importante para construir el espíritu del grupo. Si bien la escucha activa y las narrativas personales pueden considerarse más bien herramientas para el diálogo, el tiempo dedicado a la acogida espiritual nos permitió a todos compartir no solo un intercambio académico o personal, sino también un espacio de encuentro con lo Divino. Esta dimensión no suele formar parte del diálogo interreligioso en los círculos académicos o profesionales, y nosotros tres sentimos que era un elemento fundamental que debía añadirse a nuestra experiencia. Estábamos allí como judíos, cristianos y musulmanes, y la expresión de la fe de cada uno de los participantes tiene un enorme potencial para abrir un sentido de comunidad. Demuestra la voluntad de dar y recibir del otro como criaturas que adoran al mismo Dios. Es un reconocimiento de humanidad compartida. Los tres momentos de intercambio espiritual (la tarde del tercer día y después de la última sesión) nos permitieron cambiar el lenguaje y el ambiente en momentos críticos del crecimiento del grupo. Esto acercó más a los miembros del grupo.
En síntesis, la combinación de una preparación minuciosa y una gran agilidad en la facilitación nos permitió llevar a cabo el taller con éxito, como estaba previsto, y superar los desafíos que fueron apareciendo. Sin duda, esta no será nuestra última colaboración de este tipo, y esperamos con interés futuros proyectos conjuntos que puedan aprovechar lo aprendido en este proceso.

