Índice
I. Introducción
Origen y alcance de Nostra aetate. Una respuesta al Holocausto
La especificidad del diálogo con los judíos
II. Desarrollo posconciliar: una continuidad enriquecida por los Papas sucesivos
San Pablo VI
San Juan Pablo II
Benedicto XVI
Francisco
León XIV
III. Los frutos y los retos de la Declaración Nostra aetate hoy
Frutos visibles y silenciosos
Resistencias y malentendidos persistentes
Una pedagogía del diálogo que hay que profundizar
IV. Perspectivas y orientaciones para el futuro del diálogo interreligioso
V. Conclusión
I. Introducción
1. El 28 de octubre de 1965, la Declaración del Concilio Vaticano II Nostra aetate, «sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas», abría un nuevo capítulo en la historia de las relaciones entre católicos, judíos y creyentes de otras confesiones y tradiciones espirituales. Mucho más que un simple texto, supuso un cambio profundo en la comprensión y la expresión de la relación de la Iglesia con los creyentes de otras religiones. En dicha Declaración, la Iglesia afirmaba, explícitamente, que «no rechaza nada de lo que en estas religiones es verdadero y santo», invitando a los fieles a considerar con estima y respeto esos «modos de obrar y de vivir, los preceptos y doctrinas»[1]. Redactada en el contexto de la vitalidad creativa y fraterna del Concilio, mantiene una gran actualidad en un mundo marcado, por un lado, por actitudes generalizadas de aislamiento y, por otro, por una búsqueda de la convivencia en el marco de una ciudadanía universal basada en la fraternidad y el reconocimiento mutuo.
2. Desde esta perspectiva, Nostra aetate se inscribe en la misma línea que la otra Declaración conciliar Dignitatis humanae, centrada en el derecho a la libertad religiosa. Ninguna relación respetuosa con las demás religiones es sincera ni viable sin un respeto simultáneo por la libertad religiosa ajena: «Esta exigencia de libertad en la sociedad humana se refiere sobre todo a los bienes del espíritu humano, principalmente a los que afectan al libre ejercicio de la religión en la sociedad»[2]. Esta convicción nos lleva a reclamar la misma libertad para los cristianos en los países donde son minoría[3].
3. Sesenta años después de su publicación, Nostra aetate sigue inspirando las decisiones pastorales y teológicas de la Iglesia y alimentando ese diálogo que es la forma misma del darse de la vida humana y que se ha vuelto cada vez más indispensable en las sociedades de nuestro tiempo. Sin embargo, dicho diálogo constituye también un desafío permanente: ¿cómo conjugar la fidelidad a la identidad cristiana y la apertura sincera a la alteridad? ¿Cómo vivir concretamente la llamada a una fraternidad universal en sociedades marcadas por una creciente diversidad cultural y religiosa, por la guerra y la violencia, y caracterizadas por un impulso cada vez mayor hacia la secularización? Este documento conmemorativo pretende repasar las etapas esenciales del diálogo interreligioso tras Nostra aetate, evaluar sus logros y retos, y esbozar algunas perspectivas para el futuro.
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Un Camino de Esperanza (Página web del Vaticano)
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