Homenaje del gran rabino Alexis Blum a las hermanas de Sión Louise-Marie Niesz y Dominique de La Maisonneuve

Es para mí un gran honor y una alegría poder aportar mi testimonio sobre la obra tan importante llevada a cabo por la hermana Louise-Marie Niesz y la hermana Dominique de La Maisonneuve al frente del SIDIC.

Recuerdo que cuando terminé mis estudios en la Escuela Rabínica de Francia en 1965, mis colegas seminaristas y yo seguíamos con enorme interés a través de la prensa y los debates públicos los trabajos preparatorios, y luego las conclusiones, del Concilio Vaticano II inaugurado hace 50 años, y muy especialmente, la publicación de la Declaración Nostra Aetate de 1965 sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas. Recuerdo todavía que pude asistir a una de las últimas grandes conferencias de Jules Isaac (fallecido en 1963), y también guardo en mi memoria las tomas de posición del gran rabino de Francia Jacob Kaplan, quien, mucho antes que otros rabinos, creyó en el giro decisivo y positivo de la Iglesia Católica con respecto al judaísmo y los judíos. Eso se concretó, en efecto, con la designación del Vaticano de la congregación femenina de Nuestra Señora de Sión para consagrarse especialmente a una vida apostólica de testimonio hacia el pueblo judío, y más tarde, con la creación del SIDIC (Service Information - Documentation Juifs et Chrétiens).

¿Cómo descubrí el SIDIC? Mi difunto primo el rabino Daniel Gottlieb, compañero de promoción en el Seminario, que había quedado muy favorablemente impresionado por sus primeros encuentros con las hermanas del SIDIC, me convenció de impartir, en alternancia con él, una serie de cursos. La acogida que me brindaron la inolvidable hermana Bénédicte y la hermana Louise-Marie me convencieron de inmediato, por su sencillez y su alegre hospitalidad, tanto de su sinceridad como de la utilidad de nuestra participación. ¡Era una gran novedad, para esa época, que en el ambiente cristiano se convocara a profesores judíos, como por ejemplo a nuestra añorada amiga Colette Kessler e incluso a rabinos ortodoxos, para hacer conocer el judaísmo, su doctrina y sus prácticas, comentar textos bíblicos y presentar temas de la tradición oral! No se trataba de exponer un tema, como se hacía a veces en otras partes, primero desde un punto de vista cristiano y a continuación, desde un punto de vista judío. No: sólo nos pedían una lectura judía sin controversia ni paralelos.

Además del extraordinario recibimiento de las hermanas, lo que me impresionó fue la seriedad del público, tan atento, con sed de descubrir y comprender  el judaísmo auténtico. Imaginen en el local del SIDIC, en la sala de la biblioteca, una considerable cantidad de hombres y mujeres, jóvenes y no tan jóvenes, católicos y protestantes, seminaristas, sacerdotes, estudiantes o profesionales, todos ellos tomando notas y a veces grabando las clases en los grandes aparatos de esa época. Recordemos justamente aquel tiempo: en los años posteriores al Mayo del 68, ni los estudiantes judíos ni los otros se interesaban demasiado por la religión y la espiritualidad. No se precipitaban, como los oyentes del SIDIC, a buscar la palabra de Dios. Daniel Gottlieb, que en ese momento era un capellán muy popular entre los estudiantes judíos de París, me confesó incluso que en ninguna parte encontraba una escucha entusiasta como la del SIDIC. Esta experiencia asombrosa, conmovedora y reconfortante de algunos años me llevó (después de realizar sólo algunas intervenciones intermitentes, por mis tareas pastorales en las provincias, y luego en París) a retomar, a pedido de las hermanas Dominique y Louise-Marie, los cursos regulares de judaísmo en el SIDIC en los locales de la Escuela Catedral, cerca de Notre Dame de Paris, y más tarde, aquí, en el Collège des Bernardins con la creación del certificado cristiano de Estudios Judíos, una novedad inusitada.

Al reflexionar, me parece que gracias a las hermanas del SIDIC, a quienes honramos con justa razón esta noche, he aceptado impartir clases de judaísmo a grupos en su mayoría cristianos, como el que creó el fallecido hermano Jean-Pierre, participar en las reuniones de diversas secciones de la Amitié Judéo-chrétienne y en las actividades de asociaciones como “Biblia en Neuilly”, involucrarme en diversos proyectos interreligiosos, por ejemplo con el padre Dujardin y el profesor Sternberg, o acercarme al hermano Lenhardt, que me honra asistiendo a veces a mis cursos en los locales de los Padres de Sión. Incluso he dado una clase semanal de conocimiento del judaísmo durante todo un año escolar en una clase de séptimo año de un liceo católico, a pedido de la hermana directora del establecimiento. Las hermanas del SIDIC me han otorgado confianza para todo mi compromiso en el terreno del diálogo judeo-cristiano.

A las hermanas del SIDIC les debemos, por ejemplo, la posibilidad que me dan desde hace algunos años de llevar a cabo un curso de iniciación al Talmud y al Midrash en las bellas clases del Collège des Bernardins. El gran rabino Charles Touati, mi maestro de bendita memoria, que también fue el de ustedes, querida hermana Dominique, decía: “El Talmud sigue siendo la cosa menos conocida del mundo”. Es en cierto modo gracias a las hermanas de Sión que el Talmud ya no es tan desconocido hoy en Francia. Más que una  nueva mirada sobre el judaísmo, existe un verdadero giro positivo. Yo agregaría que la nueva mirada cristiana sobre el judaísmo produjo una nueva mirada de los judíos sobre los cristianos y el cristianismo.

El rabino Samson Raphaël Hirsch (1808-1888), dirigente neo-ortodoxo, en su comentario en alemán del Deuteronomio, traducía el versículo 32, 7 “Binu shenot dor va-dor”, que se traduce generalmente: “Acuérdate de los días de antaño; considera los años de todas las generaciones”, como “Comprendan los cambios de cada época” (ya que shenot sería el plural de shinui, “cambio”, y no de shana, “año”). Siguiendo esta interpretación, el muy activo rabino israelí Shlomo Riskin, conocido también por sus acciones pioneras en el terreno de las relaciones judeo-cristianas, considera que se debe responder en forma favorable a los cambios tan visibles de la actitud de muchos cristianos con resp,ecto al judaísmo.

Queridas hermanas Dominique y Louise-Marie: ustedes son el ejemplo viviente de esos cambios históricos que han permitido pasar de “la estima hacia la fe de los otros” al conocimiento profundo. Saludo su dinamismo, su búsqueda de la verdad sin complacencias, y quiero decirles que valoro profundamente la expresión de su amistad.

Que el eterno apresure el advenimiento de la era anunciada por el profeta Sofonías: “Daré a los pueblos labios puros, para que todos ellos invoquen el nombre de YHWH, para que lo adoren con un corazón unánime” (3,9).

Véase también:

Premio AJCF 2012 a las Hermanas de Sión Louise-Marie Niesz y Dominique de La Maisonneuve

Editorial remarks

Como el gran rabino Alexis Blum no pudo asistir en persona a la entrega del premio AJCF 2012, su mensaje fue leído por Bruno Charmet, de la Amitié Judéo-Chrétienne de France.

Traducción del francés: Silvia Kot.