Herramientas para posibilitar un diálogo constructivo

En octubre de 2011, el ICCJ invitó a algunos cristianos a un encuentro en Beit Jala, un lugar cercano a Belén. También fueron invitados dos observadores judíos, que contribuyeron al intercambio de ideas. Me pidieron que presentara algunas reflexiones sobre el discurso cristiano referido al conflicto palestino-israelí.

El propósito de estas reflexiones era encontrar algunas herramientas analíticas que permitieran desarrollar un  diálogo constructivo. Mis pensamientos reflejan en gran parte el hecho de que trabajo en Jerusalén y me reúno permanentemente con grupos (estudiantes, peregrinos, políticos, periodistas, diplomáticos, etc.). Mis reflexiones se basan en diversos comentarios que oí, en preguntas que me hicieron, y en el intercambio de ideas que tuve con esos visitantes.

(I) En primer lugar, querría mencionar dos temas que aparecen en forma recurrente cuando me encuentro con cristianos predispuestos a simpatizar con los palestinos.

(a) “Israel y los palestinos”: Creo que la combinación de estas dos categorías es problemática. Esta manera de describir a los israelíes y a los palestinos parece definir a todos los israelíes como un monolítico “Israel”, mientras que, con esta clasificación, los palestinos son reconocidos como individuos, que podrían inclinarse a favor de la Autoridad Palestina, de Hamas, de otro grupo político, o de ninguno de ellos; que podrían ser religiosos, seculares, o encontrarse entre ambos; que podrían ser militantes, pacifistas o simplemente indiferentes, etc. ¿Con cuánta frecuencia oímos la expresión opuesta, es decir, “Palestina y los israelíes”? De hecho, en Internet no aparece ninguna (!) mención cuando se busca “lo que les hace Palestina a los israelíes”, pero se encuentran unas 20.700 menciones de la expresión “qué les hace Israel a los palestinos”. Contraponer las categorías “Israel” y “palestinos” no sirve. El punto de partida debe ser tomar en cuenta la amplia variedad de opiniones que existen tanto entre los palestinos como entre los israelíes. Se vincula con esto el hecho de que la palabra “judío” que se usa en inglés como adjetivo, “Jewish”, fue transformada rápidamente en un sustantivo: “los judíos (Jewish) piensan que…” Esta forma de expresarse agrega más leña al fuego en cuanto a los estereotipos del “otro” político o religioso. Para encontrar más reflexiones sobre estereotipos y características de culturas, en inglés, véase, por ejemplo, Carne Ross, Independent Diplomat: Dispatches from an Unaccountable Elite (Ithaca: Cornell University Press, 2007) y Raymond Cohen, Negotiating across Cultures: International Communication in an Interdependent World (Washington: United States Institute of Peace Press, 2ª ed. 1997).

(b) “Ustedes los judíos tienen asentamientos; nosotros los cristianos tenemos el mandamiento del amor”. Israel, los israelíes y los judíos son definidos a veces por sus aspectos más problemáticos. Por ejemplo, “algunos fariseos del tiempo de Jesús eran hipócritas; luego, todos los fariseos eran como algunos fariseos; luego, todos los judíos eran como [algunos de] los fariseos”. Por supuesto que esto no siempre se articula en forma tan automática como lo sugiero en la cita anterior, pero esa clase de expresiones son perturbadoramente frecuentes y están muy difundidas. Recuerdo a menudo las tres recomendaciones de Krister Stendahl para progresar en las relaciones interreligiosas. Una de ellas es: “Hay que comparar entre iguales”. No debemos permitirnos ni permitir a otros definir al judaísmo y/o a Israel como colonizadores o colonias en la Ribera Occidental. Como me dijo un judío del público cuando di una conferencia sobre este tema: “Hace cien años, algunos pensaban que todos nosotros éramos banqueros; hoy nos definen a todos como colonizadores”. En este sentido, existe un fenómeno de doble standard: se espera más de los judíos que de otros pueblos. Alguien me dijo una vez: “Pero ellos tienen a los profetas: deberían saberlo”. Pero ¿por qué deberíamos esperar que los judíos fueran básicamente distintos a los no judíos?

(c) “¿Por qué están haciendo lo mismo?”. Cuando acompaño a algunos grupos a Yad Vashem, me duele oír esta pregunta—o más bien, esta acusación— de algunos de los que salen de una exhibición que describe el aniquilamiento de varios millones de judíos durante la Segunda Guerra Mundial. Aunque esta comparación es absurda (¡no es “lo mismo”!), puede observarse una tendencia generalizada a invertir el Holocausto, de modo tal que quienes fueron víctimas de la Shoah son presentados como victimarios. Henrik Bachner, un académico sueco que escribió mucho sobre el antisemitismo, sostiene que este discurso es una manera de calmar el sentimiento de culpa colectiva, como si se dijera: “Sí, es cierto que la Cristiandad difamó al judaísmo durante dos mil años, y que muchos cristianos fueron indiferentes durante la Shoah; pero ahora también ustedes, es decir, ‘los judíos’, son culpables y reprochables”.

(d) “Esta es la madre de todos los conflictos”: creo que detrás de esta clase de afirmaciones puede verse una escatología cristiana secularizada que parece seguir sosteniendo que los judíos y el judaísmo —y ahora, un Estado judío—son lo que se interpone entre nosotros y una sociedad verdaderamente ideal. No hace falta decir que los conflictos en el Congo, en Corea y en Cachemira no tienen demasiado que ver con el conflicto palestino-israelí. Pero incluso los problemas que existen en el mundo árabe tienen menos que ver con Israel que lo que suele decirse. Slavoj Žižek, por ejemplo, llega a la misma conclusión. Al analizar la jihad escribe:

Los palestinos que sostienen que la liberación de su territorio de la ocupación israelí le dará un impulso a la democratización del mundo árabe, se equivocan. Es al revés. Habría que empezar por enfrentar abiertamente a los corruptos regímenes clericales y militares, desde Siria hasta Arabia Saudita, que usan la ocupación israelí para legitimarse a sí mismos. La paradoja reside en que precisamente el hecho de poner el foco en Israel es la razón por la cual los árabes están perdiendo la batalla. El significado de la jihad en el islam no es hacerle la guerra a un enemigo externo, sino el esfuerzo por la purificación interior. La lucha es contra las propias fallas y debilidades morales.

Hay que agregar que Žižek escribió esto antes de la Primavera Árabe. En la imaginación y la historia cristianas, el judío ha sido entendido y retratado como un ser humano aún no redimido. En mi opinión, el persistente e intenso anhelo occidental de “resolver” la crisis del Medio Oriente puede deberse, al menos hasta cierto punto, a la secularización de una escatología cristiana problemática.

(e) “No hay un espacio teológico para el judaísmo después de Cristo”. Algunos teólogos palestinos de la liberación  y sus adherentes están tan ansiosos por deslegitimar al Estado de Israel, que vuelven a esa clase de teología cristiana de la sustitución que creíamos ya superada. En algún sentido, podríamos decir que en la actual discusión teológica del Medio Oriente está el epicentro de la teología cristiana de la sustitución. Por este motivo, es imperativo afirmar una relación teológica positiva con el pueblo judío. Volver a caer en la teología triunfalista cristiana de la sustitución obstaculiza el tan necesario diálogo constructivo.

(II) En segundo lugar, me gustaría mencionar cinco temas que suelen aparecer cuando me encuentro con cristianos predispuestos a simpatizar con los judíos:

(a) No decir nada es decir algo. Aunque los cristianos occidentales que participan en el diálogo judeo-cristiano no hablen del conflicto palestino-israelí, también están involucrados en el conflicto. Las expresiones “antisemitismo”, “antijudaísmo”, “sionismo”, “teología post-Holocausto”, etc., se usan diariamente en Jerusalén, en diversas formas, y lamentablemente, a veces en formas distorsionadas. Por eso, siempre es importante definir qué quiere decir uno cuando emplea esas y otras expresiones ambiguas.

(b) ¿Conoce usted la narrativa palestina? No cabe duda de que para los cristianos debe de haber sido doloroso comprobar la magnitud de la teología cristiana antijudía. (En su libro La espada de Constantino, James Carroll necesita varios centenares de páginas para presentar ese desgarrador legado). Sin embargo, poco a poco los cristianos se dieron cuenta de que es muy provechoso integrar en la fe cristiana la hermenéutica judía y sus reflexiones sobre la teología, la teodicea, la cosmología y la antropología, los diversos aspectos de liturgia judía, etc. Este es el momento de que más cristianos se familiaricen con la narrativa básica palestina, la centralidad de la Nakba y el problema de los refugiados. ¿Qué sucederá cuando los cristianos integren en su propia teología las narrativas básicas tanto de los judíos como de los palestinos?

(c) ¿Los cristianos palestinos son los únicos cristianos que no tienen permitido usar el discurso Imitatio Christi? Durante dos milenios, en todo el mundo, los cristianos que sufrían se identificaron con el Cristo sufriente. El discurso cristiano palestino no es una excepción. Pero es absolutamente esencial que esa clase de teología imitatio Christi no presente a todos los judíos y/o israelíes como asesinos de Cristo, un argumento que ha sido central en el discurso antisemita a lo largo de los siglos.

(d) “El mayor problema para los cristianos palestinos es el extremismo islámico”. He oído esta afirmación en evangélicos muy pro-judíos que parecen ignorar la difícil situación de los palestinos. Cuando visitan Israel y los territorios palestinos ni siquiera se reúnen con cristianos palestinos, que son sus hermanos y hermanas en Cristo. Es cierto que hay tensiones entre musulmanes y cristianos, y es cierto que hay discriminación y persecución contra cristianos en el mundo árabe, pero esto no puede tomarse como un pretexto para no buscar maneras de terminar con la ocupación israelí. De hecho, nunca encontré a un palestino que negara el hecho de que el mayor problema de los palestinos es la ocupación. No es como para llamar a esto “la madre de todos los conflictos” (véase supra), pero en su vida cotidiana, constituye su mayor preocupación.

(e) “El que los toca a ustedes, toca la niña de los ojos de Dios” (Zacarías 2,12) y “solo a ustedes los conocí” (Amós 3.2). Debemos preguntarnos cómo consideraremos, en cuanto lectores post-Nostra Aetate de la Biblia, contrarios a la teología de la sustitución, esta (supuesta) parcialidad de Dios. Después de todo, no se trata de una pregunta inocente, especialmente para quienes sufren diariamente las consecuencias del conflicto palestino-israelí. Yo diría que parte de la respuesta se encuentra en la continuación de Amós 3,2: “… por eso les haré rendir cuentas de todas sus iniquidades”. Significa que el concepto de parcialidad no se puede separar de la ética. La elección nunca puede ser usada como carta blanca para una conducta inmoral. Además, nuestra reflexión sobre la parcialidad divina no debe separarse de la pregunta retórica de Amós a los israelitas, cuando da a entender que todos son iguales bajo el cuidado y la protección de Dios (Amós 9,7).


Bibliografía:

  • Carroll, James, Constantine’s Sword: The Church and the Jews. A History (Boston / New York: Houghton Mifflin, 2001).
  • Cohen, Raymond, Negotiating across Cultures: International Communication in an Interdependent World (Washington: United States Institute of Peace Press, 2ª. ed. 1997).
  • Ross, Carne, Independent Diplomat: Dispatches from an Unaccountable Elite (Ithaca: Cornell University Press, 2007).
  • Žižek, Slavoj, Violence:Six Sideway Reflections (New York: Picador, 2008). (Sobre la violencia. Seis reflexiones marginales, Buenos Aires, Paidós, 2009).



 

Editorial remarks

El Dr. Jesper Svartvik es el primer titular de la cátedra Krister Stendahl de Teología de las Religiones en la Universidad de Lund, Suecia, y en el Instituto Teológico Sueco.

Traducción del inglés: Silvia Kot