Este hecho quedó en la historia con el nombre de “pogrom de Kielce”. Bogdan Białek, fundador y presidente de la Asociación Jan Karski, dijo: “Hasta el día de hoy, ese crimen estigmatiza a nuestra ciudad”. “Durante muchos años, prosiguió, tanto el gobierno como la Iglesia usaron la “terapia de sueño profundo” como tratamiento para el problema del antisemitismo. No se decía nada en las escuelas ni en las iglesias, y no había libros ni artículos periodísticos sobre el tema. La comunidad judía estaba encerrada en su dolor, mientras los polacos mostraban una profunda ignorancia o negación”.
Un grupo de amigos fundó la asociación. Su objetivo no era solo recordarle a la gente los trágicos acontecimientos del pasado, sino también cambiar las actitudes de los habitantes de Kielce hacia los judíos y hacia la historia de su ciudad. Eligieron como su presidente honorario a Jan Karski, el famoso correo que fue el primero en intentar informarle al mundo sobre el Holocausto, aunque nadie quiso creer las cosas horribles que relataba. “En 2005, levantamos una estatua de él en la calle principal de la ciudad”, dice Białek. Se encuentra cerca del edificio en el que ocurrió aquella atrocidad. Sin embargo, Karski no mira en dirección al edificio: está sentado en un banco, jugando tranquilamente al ajedrez. Hay una placa informativa junto a él, para que el público pueda leer acerca del Holocausto. “Yo invitaba a la gente a sentarse a su lado, para reducir la distancia”, señala Białek. “Dio resultado. Los habitantes de Kielce se enamoraron del monumento. Llevaban allí a sus hijos y les contaban sobre Karski. Ahora forma parte del paisaje de la ciudad”.
La ciudad de Kielce realizó la celebración nacional del Día del Judaísmo en enero de 2006. El programa incluyó un servicio ecuménico solemne en la catedral, un encuentro de cristianos y judíos, una exhibición, eventos culturales, y una marcha de recordación y oración que recorrió un camino vinculado con la historia de los judíos de Kielce. Se descubrió una placa conmemorativa en el parque Planty, en la que figura el texto en polaco y en hebreo de la plegaria que Juan Pablo II introdujo en un resquicio del Muro de los Lamentos de Jerusalén: “Dios de nuestros padres, tú has elegido a Abraham y a su descendencia para que tu Nombre fuera dado a conocer a las naciones: nos duele profundamente el comportamiento de aquellos que, en el curso de la historia, han hecho sufrir a estos tus hijos, y, a la vez que te pedimos perdón, queremos comprometernos en una auténtica fraternidad con el pueblo de la alianza”.
Los participantes del Día del Judaísmo recibieron un folleto titulado La Iglesia Católica y sus raíces judías, preparado por el Consejo Polaco de Cristianos y Judíos, que contenía una selección de declaraciones tomadas de las enseñanzas de la Iglesia sobre el judaísmo. La edición de los folletos se agotó en un solo día. Después de 50 años de silencio, el pueblo de Kielce quería aprender algo sobre las personas que habían sido sus vecinos antes de la guerra.
En agosto de 2007, la Asociación conmemoró el 65º aniversario de la liquidación del ghetto. Se erigió un nuevo monumento cerca del edificio de Planty 5/7. Como la estatua de Karski, ese monumento fue financiado con donaciones privadas de residentes de la ciudad. Según cómo se mire, la Menorah de plata parece hundirse en el pavimento o surgir de él: el pavimento se realizó con piedras sobre las que caminaron los habitantes judíos de Kielce.
“¿Qué hemos logrado aquí, en Kielce? Algunas personas empezaron a pensar sobre los judíos y el Holocausto en categorías diferentes”, dice Białek. “Queríamos mostrar el crimen del pogrom como un crimen fratricida. Todos los polacos necesitan cambiar de perspectiva al considerar a los judíos: deben dejar de pensar en términos de ‘nosotros’ y ‘ellos’. En el 60º aniversario del pogrom, el alcalde dijo que cada una de las personas asesinadas fue alguien de Kielce, uno de nosotros. Aquí, Caín alzó su mano contra Abel. Esta es la nueva manera de ver las cosas. También hubo otras iniciativas para restaurar la memoria de la presencia compartida polaco-judía en esta tierra, en esta región”.
“Yo trabajo como un patriota polaco”, explica Białek, “porque considero que el antisemitismo es una mancha para el buen nombre del pueblo polaco. El antisemitismo no afecta a los judíos: quedan muy pocos en Polonia. Me afecta a mí, como polaco. Ofende mi dignidad. El antisemitismo hoy también significa minimizar la memoria de la historia polaco-judía. Tengo una obligación hacia los muertos, que ya no tienen a nadie que los conmemore, que encienda una vela, que suspire por ellos. En Polonia hay menos judíos que cementerios judíos. Esto también constituye una obligación ante Dios, ante mí mismo, y ante mis contemporáneas, para recordarles su identidad. Esta identidad incluye el pasado del lugar en el que viven. Debemos comprender el pasado”.
Quizá por esta razón, la marcha anual de la memoria que se realiza en el aniversario del pogrom cada 4 de julio, atrae a una cantidad cada vez más grande de personas. La marcha comienza en la Menorah, pasa por el lugar del pogrom, se detiene en el memorial de Karski, y termina en el cementerio judío. En 2008, a pesar del mal tiempo —una lluvia torrencial y un viento helado—hubo una enorme concurrencia, que incluyó a muchos jóvenes que querían rendir homenaje a las víctimas. “Yo tenía 19 años cuando tuvo lugar el pogrom: vivía al lado”, evoca una mujer mayor con emoción. “Lo recuerdo todo: los gritos, los alaridos, los llantos”. Por fin la gente empieza a hablar y a discutir sobre estas cosas. Antes no hablaban sobre esto, porque no recordaban. Ahora recuerdan.

