UNA OBLIGACIÓN SAGRADA
Repensar la fe cristiana en relación con el
judaísmo y el pueblo judío
Declaración del Grupo de Académicos Cristianos para
las relaciones cristiano-judías (USA)
(Christian
Scholars Group on Christian-Jewish Relations)
1 de septiembre de 2002
Desde sus comienzos en 1969, el Grupo de Académicos Cristianos (Christian Scholars
Group) intentó desarrollar teologías cristianas más adecuadas para la relación de la
Iglesia con el judaísmo y el pueblo judío. A lo largo de tres décadas, y bajo diversos
patrocinios, miembros de nuestra asociación de biblistas, historiadores y teólogos
protestantes y católicos publicaron muchos trabajos sobre las relaciones cristiano-judías.
Nuestra tarea tiene un contexto histórico. Durante la mayor parte de los últimos dos
mil años, los cristianos describieron erróneamente a los judíos como infieles y
colectivamente responsables de la muerte de Jesús y, por lo tanto, maldecidos por Dios. En
coincidencia con muchas declaraciones oficiales cristianas, rechazamos esta acusación por
ser históricamente falsa y teológicamente no válida. Insinúa que Dios puede ser infiel a
la alianza eterna con el pueblo judío. Reconocemos con vergüenza el sufrimiento que causó
al pueblo judío esa descripción distorsionada. Nos arrepentimos de esa enseñanza del
desprecio. Nuestro arrepentimiento nos exige construir una nueva enseñanza del respeto.
Esta tarea es importante en todo momento, pero la terrible crisis del Medio Oriente y el
peligroso resurgimiento del antisemitismo a nivel mundial le confiere una particular
urgencia.
Creemos que revisar la enseñanza cristiana sobre el judaísmo y el pueblo judío es una
obligación central e ineludible de la teología de nuestro tiempo. Es fundamental que el
cristianismo entienda y represente al judaísmo con precisión, no sólo como un hecho de
justicia hacia el pueblo judío, sino también por la integridad de la fe cristiana, que no
podemos proclamar sin referencia al judaísmo. Por otra parte, como existe entre el
cristianismo y el judaísmo un vínculo singular, revitalizar nuestra apreciación de la
vida religiosa judía profundizará nuestra fe cristiana. Basamos estas convicciones en la
investigación académica actual y en las declaraciones oficiales de muchas Iglesias
cristianas en los últimos cincuenta años.
Agradecemos la buena voluntad de muchos judíos para dialogar y estudiar junto con
nosotros. Lo celebramos cuando, el 10 de septiembre de 2000, estudiosos judíos patrocinados
por el Instituto de Estudios Cristianos y Judíos de Baltimore emitieron una declaración
histórica, Dabru Emet: una declaración judía sobre los cristianos y el cristianismo.
Ese documento, refrendado por importantes rabinos y académicos judíos, exhortaba a los
judíos a reexaminar su comprensión del cristianismo.
Alentados por el trabajo de colegas judíos y cristianos, ofrecemos a la consideración
de nuestros hermanos cristianos las siguientes diez declaraciones. Instamos a todos los
cristianos y cristianas a reflexionar sobre su fe a la luz de estas declaraciones. Para
nosotros, se trata de una obligación sagrada.
1. La alianza de Dios con el pueblo judío es para siempre.
Durante siglos, los cristianos reivindicaron que su alianza con Dios superaba o
sustituía a la alianza judía. Renunciamos a esa reivindicación. Creemos que Dios no
revoca las promesas divinas. Afirmamos que Dios está en alianza tanto con los judíos como
con los cristianos. Trágicamente, la teología de la sustitución está profundamente
arraigada y sigue influyendo en la fe, la práctica y la liturgia cristianas, aun cuando fue
repudiada por muchas Iglesias cristianas, y muchos cristianos han dejado de aceptarla.
Nuestro reconocimiento de la validez permanente del judaísmo tiene implicancias para todos
los aspectos de la vida cristiana.
2. Jesús de Nazareth vivió y murió como un judío fiel.
Los cristianos rinden culto al Dios de Israel en y a través de Jesucristo. Sin embargo,
durante siglos la teología de la sustitución llevó a los cristianos a referirse a Jesús
como un opositor al judaísmo. Eso es históricamente incorrecto. El culto, la ética y la
práctica del judaísmo moldearon la vida y las enseñanzas de Jesús. Las escrituras de su
pueblo lo inspiraron y lo nutrieron. La enseñanza y la prédica cristianas de hoy deben
mostrar que la vida terrenal de Jesús forma parte de la continua búsqueda judía de vivir
la alianza de Dios en la vida cotidiana.
3. Las antiguas rivalidades no deben definir las relaciones cristiano-judías de hoy.
Aunque en la actualidad conocemos al cristianismo y al judaísmo como religiones
separadas, durante muchas décadas posteriores al ministerio y la resurrección de Jesús,
lo que llegó a ser luego la Iglesia fue un movimiento dentro de la comunidad judía. La
destrucción del Templo de Jerusalén por los ejércitos romanos en el año 70 del primer
siglo, produjo una crisis en el pueblo judío. Varios grupos, entre ellos el cristianismo y
el primer judaísmo rabínico, competían por el liderazgo de la comunidad judía,
reivindicándose como los verdaderos herederos del Israel bíblico. Los evangelios reflejan
esa rivalidad, en la cual los contendientes intercambiaban diversas acusaciones. Los cargos
cristianos de hipocresía y legalismo desfiguran al judaísmo, y constituyen un fundamento
indigno para la autocomprensión cristiana.
4. El judaísmo es una fe viva, enriquecida por muchos siglos de desarrollo.
Muchos cristianos identifican erróneamente al judaísmo con el Israel bíblico. Pero el
judaísmo, al igual que el cristianismo, ha desarrollado nuevas modalidades de creencia y
práctica en los siglos que siguieron a la destrucción del Templo. La tradición rabínica
dio un nuevo énfasis y una nueva interpretación a prácticas existentes, como el rezo
comunitario, el estudio de la Torah, y las acciones de caridad. Así los judíos pudieron
vivir la alianza en un mundo sin Templo. A través del tiempo desarrollaron un extenso
cuerpo de literatura interpretativa que sigue enriqueciendo la vida judía, su fe y su
autocomprensión. Los cristianos no pueden entender acabadamente al judaísmo separado de su
desarrollo post-bíblico, que puede también hacer progresar y enriquecer la fe cristiana.
5. La Biblia une y separa al mismo tiempo a judíos y cristianos.
En el proceso de estudiar juntos la Biblia, algunos judíos y cristianos están
descubriendo en la actualidad nuevas formas de lectura que permiten una apreciación más
profunda de ambas tradiciones. Aunque las dos comunidades se nutren de los mismos textos
bíblicos del antiguo Israel, han desarrollado diferentes tradiciones de interpretación.
Los cristianos miran esos textos a través de la lente del Nuevo Testamento, mientras que
los judíos entienden esas escrituras a través de las tradiciones del comentario rabínico.
Llamar a la primera parte de la Biblia Cristiana “Antiguo Testamento” puede sugerir
erróneamente que esos textos están obsoletos. Algunas expresiones alternativas como “Biblia
Hebrea”, “Primer Testamento” o “Testamento compartido”, aunque también son algo
problemáticas, pueden expresar mejor la nueva apreciación de la Iglesia sobre la fuerza
que siguen teniendo esas escrituras para los judíos y para los cristianos.
6. Afirmar la permanencia de la alianza de Dios con el pueblo judío tiene consecuencias
para la interpretación cristiana de la salvación.
Los cristianos encuentran el poder salvífico de Dios en la persona de Jesucristo, y
creen que ese poder es ofrecido en él a todas las personas. Por eso, durante siglos, los
cristianos han enseñado que sólo a través de Jesucristo se alcanza la salvación. Al
darse cuenta recientemente de que la alianza de Dios con el pueblo judío es eterna, los
cristianos pueden reconocer ahora en la tradición judía el poder redentor de Dios en
acción. Si los judíos, que no comparten nuestra fe en Cristo, se encuentran en una alianza
salvífica con Dios, entonces los cristianos necesitan nuevas formas de entender el
significado universal de Cristo.
7. Los cristianos no deben intentar convertir a los judíos.
Dada nuestra convicción de que los judíos tienen una alianza eterna con Dios,
renunciamos a cualquier intento de misión para convertir a los judíos. Al mismo tiempo,
celebramos toda oportunidad en que judíos y cristianos puedan dar testimonio sobre sus
respectivas experiencias de los caminos salvíficos de Dios. Nadie puede legítimamente
asegurar que posee el conocimiento de Dios en forma completa o exclusiva.
8. La liturgia cristiana que enseña el desprecio hacia los judíos deshonra a Dios.
El Nuevo Testamento contiene pasajes que a menudo han generado actitudes negativas hacia
los judíos y el judaísmo. El uso de esos textos en la liturgia aumenta la probabilidad de
hostilidad hacia los judíos. La teología antijudía cristiana también influyó en la
liturgia en formas que denigran al judaísmo y fomentan el desprecio hacia los judíos.
Exhortamos a los dirigentes eclesiales a revisar las lecturas públicas de la escritura, las
oraciones, la estructura de los leccionarios, las prédicas y los cantos, para eliminar de
ellos toda imagen distorsionada del judaísmo. Una reforma de la vida litúrgica cristiana
expresará una nueva relación con los judíos, y de ese modo honrará a Dios.
9. Afirmamos la importancia de la tierra de Israel para la vida del pueblo judío.
La tierra de Israel ha tenido siempre un significado central para el pueblo judío. Sin
embargo, la teología cristiana acusó a los judíos de haberse condenado a sí mismos a no
tener un hogar por haber rechazado al Mesías de Dios. Esa actitud excluía toda posibilidad
de que los cristianos entendieran el apego de los judíos a la tierra de Israel. Los
teólogos cristianos no pueden seguir eludiendo este tema crucial, especialmente a la luz
del complejo y persistente conflicto sobre esa tierra. Reconociendo que tanto los israelíes
como los palestinos tienen derecho a vivir en paz y seguridad en una patria propia,
exhortamos a realizar todos los esfuerzos que contribuyan a una paz justa entre todos los
pueblos de la región.
10. Los cristianos deben trabajar junto con los judíos por el mejoramiento del mundo.
Durante casi un siglo, judíos y cristianos de los Estados Unidos han trabajado juntos en
importantes cuestiones sociales, tales como los derechos de los trabajadores y los derechos
civiles. A medida que se intensifican en nuestro tiempo la violencia y el terrorismo,
debemos reforzar nuestros esfuerzos comunes en la tarea de justicia y paz a la que nos
convocan tanto los profetas de Israel como Jesús. Estos esfuerzos comunes de judíos y
cristianos ofrecen una imagen de solidaridad humana y proporcionan modelos de colaboración
con las personas de otras tradiciones religiosas.
Firmado por miembros del
Grupo de Académicos Cristianos para las relaciones cristiano-judías
Dr. Norman Beck
Poehlmann Professor of Biblical Theology and Classical Languages
Texas Lutheran University
Seguin, Texas |
Dr. Mary C. Boys, SNJM
Skinner & McAlpin Professor of Practical Theology
Union Theological Seminary
New York City, New York |
Dr. Rosann Catalano
Roman Catholic Staff Scholar
Institute for Christian & Jewish Studies
Baltimore, Maryland |
Dr. Philip A. Cunningham
Executive Director
Center for Christian-Jewish Learning
Boston College
Chestnut Hill, Massachusetts |
Dr. Celia Deutsch, NDS
Adj. Assoc. Prof. of Religion
Barnard College/Columbia University
New York City, New York |
Dr. Alice L. Eckardt
Professor emerita of Religion Studies
Lehigh University
Bethlehem, Pennsylvania |
Dr. Eugene J. Fisher
U.S. Conference of Catholic Bishops’ Committee for Ecumenical and
Interreligious Relations
Washington, D. C. |
Dr. Eva Fleischner
Montclair [NJ] State University (emerita)
Claremont, California |
Dr. Deirdre Good
General Theological Seminary of the Episcopal Church
New York City, New York |
Dr. Walter Harrelson
Distinguished Professor emeritus of Hebrew Bible
Vanderbilt University
Nashville, Tennessee |
Rev. Michael McGarry, CSP
Tantur Ecumenical Institute
Jerusalem |
Dr. John C. Merkle
Professor of Theology
College of St. Benedict
St. Joseph, Minnesota |
Dr. John T. Pawlikowski, OSM
Professor of Social Ethics
Director, Catholic-Jewish Studies Program
Catholic Theological Union
Chicago |
Dr. Peter A. Pettit
Institute for Christian-Jewish Understanding
Muhlenberg College
Allentown, Pennsylvania |
Dr. Peter C. Phan
The Warren-Blanding Professor of Religion and Culture
The Catholic University of America Washington, D.C. |
Dr. Jean-Pierre Ruiz
Associate Professor and Chair
Dept. of Theology and Religious Studies
St. John's University, New York |
Dr. Franklin Sherman
Associate for Interfaith Relations
Evangelical Lutheran Church in America
Allentown, Pennsylvania |
Dr. Joann Spillman
Professor and Chair
Dept. of Theology and Religious Studies
Rockhurst University
Kansas City, Missouri |
Dr. John T. Townsend
Visiting Lecturer on Jewish Studies
Harvard Divinity School
Cambridge, Massachusetts |
Dr. Joseph Tyson
Professor emeritus of Religious Studies
Southern Methodist University
Dallas, Texas |
Dr. Clark M. Williamson
Indiana Professor of Christian Thought emeritus
Christian Theological Seminary
Indianapolis, Indiana |
| Los instituciones son mencionadas
sólo para identificar a los firmantes del documento. |
(Traducción del inglés: Silvia Kot)  2002-09-06
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